lunes, 7 de enero de 2008
DICOTOMÍA INCRUENTA
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
Oliverio Girondo
martes, 1 de enero de 2008
1.964
I
Ya no es mágico el mundo.
Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines: Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor.
Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene
y no ha tenido nunca,
pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz.
Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar.
La vida es corta y aunque las horas son tan largas,
una oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna y del amor.
La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina al Sur,
a cierta puerta,
a cierta esquina.
J.L. Borges
domingo, 2 de diciembre de 2007
sábado, 17 de noviembre de 2007
SHINTO
durante un segundo nos salvan
las aventuras ínfimas
de la atención o de la memoria:
el sabor de una fruta, el sabor del agua,
esa cara que un sueño nos devuelve,
los primeros jazmines de noviembre,
el anhelo infinito de la brújula,
un libro que creíamos perdido,
el pulso de un hexámetro,
la breve llave que nos abre una casa,
el olor de una biblioteca o del sándalo,
el nombre antiguo de una calle,
los colores de un mapa,
una etimología imprevista,
la lisura de la uña limada,
la fecha que buscábamos,
contar las doce campanadas oscuras,
un brusco dolor físico.
Ocho millones son las divinidades del Shinto
que viajan por la tierra, secretas.
Esos modestos númenes nos tocan,
nos tocan y nos dejan.
J.L. Borges
viernes, 9 de noviembre de 2007

(Escher)
jueves, 8 de noviembre de 2007

(N. Roerich. Krishna)
En la noche terrible, substancia natural de todas las noches,
en la noche de insomnio, substancia natural de todas mis noches,
recuerdo, velando en una incómoda modorra,
recuerdo lo que hice y lo que podía haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia
se esparce por mi todo como un frío del cuerpo o un miedo.
Lo irreparable de mi pasado - ¡ése sí que es el cadáver!
Todos los demás cadáveres puede que sean ilusión.
Todos los muertos puede que estén vivos en otro lugar.
Todos mis propios momentos pasados puede que existan
en algún lugar,
en la ilusión del espacio y del tiempo,
en la falsedad del devenir.
Pero lo que no fuí, lo que no hice, lo que ni siquiera soñé;
lo que ahora veo que debería haber hecho,
lo que sólo ahora claramente veo que debería haber sido,
eso es lo que está muerto más allá de todos los Dioses,
eso - que tal vez hoy sea lo mejor de mí - es lo que ni los Dioses hacen vivir...
Si a cierta altura
hubiese vuelto hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha;
si en cierto momento
hubiese dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí;
si en cierta conversación
hubiese tenido las frases que sólo ahora, en el entresueño, elaboro,
si todo eso hubiese sido así,
hoy sería otro, y tal vez el universo entero
sería llevado insensiblemente a ser también otro.
Pero no giré hacia el lado irremediablemente perdido,
no giré ni pensé en girar, y sólo ahora me doy cuenta;
pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo que no lo dije;
pero las frases que me faltaron en ese momento me surgen todas,
claras, inevitables, naturales,
la conversación terminada concluyentemente,
el asunto totalmente resuelto...
pero sólo ahora lo que nunca fue ni será hacia atrás me duele.
En lo que fallé de verdad no tengo esperanza alguna
en ningún sistema metafísico.
Puede ser que a otro mundo pueda llevar lo que soñé,
pero ¿podré llevar a otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Esos, los sueños por tener, sí que son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre, para todo el tiempo,
para todos los universos,
en esta noche en que no duermo, y el sosiego me cerca
como una verdad que no comparto,
y allá fuera el claro de luna, como la esperanza que no tengo,
es invisible para mí.
Fernando Pessoa (11-5-1928)
miércoles, 7 de noviembre de 2007
martes, 6 de noviembre de 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007
domingo, 4 de noviembre de 2007

(Caricatura extraída de Exposición de la Actual Poesía Argentina (1922-1927) - http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Girondo/)



